Al principio uno no nota gran cosa. Un día uno ya no tiene ganas de hacer nada. No le interesa nada, se aburre. Pero esa desgana, no desaparece, sino que se queda y va aumentando poco a poco. Va empeorando de día en día , de semana en semana. Uno se siente cada vez más malhumorado, con un vacío más grande en su interior, cada vez más insatisfecho consigo mismo y con el mundo. Después, ese sentimiento va cediendo consigo mismo y con el mundo. Después, ese sentimiento va cediendo, y uno ya no siente nada en absoluto. Todo es indiferente y gris, el mundo te resulta extraño y no te importa ya nada. Ya no se siente ni ira ni entusiasmo, uno ya no puede alegrarse por nada ni entristecerse por nada, se olvida de reír y de llorar. En ese momento uno siente frío en su interior y ya no puede amar a nadie ni a nada. Cuando se llega a este punto, la enfermedad ya es incurable. Ya no hay retorno. Uno va vagando de un lado a otro con gesto vacío y gris y se vuelve exactamente igual que los hombres grises. Sí, en ese momento te conviertes en uno de ellos. Esta enfermedad se llama “aburrimiento mortal”

Momo, M. Ende